viernes, 30 de marzo de 2012

Frivolidad en el infierno


Hoy en día, existe una región del mundo que se representa como el infierno terrenal de nuestros días. Puestos a poner ejemplos, sería difícil elegir: La Franja de Gaza, Iraq, Uganda, Sierra Leona… Pero no, no les hablo de ninguno de estas desagradables muestras de crueldad humana. El país que, por mérito del levantamiento de su pueblo se está ganando las portadas de los medios de todo el mundo (menos los suyos) es Siria. Esa región a la que la ONU tanto pide que cese la violencia, con tan nulas consecuencias. Esa región que aparece en los periódicos un día sí y otro también y que no obstante, como todo para el mundo occidental, empieza a perder importancia, empieza a apagarse su llama.

La vieja Europa ha visto tanta muerte y sufrimiento sobre sus relieve que nada le sorprende, ni tan siquiera la rebelión de un pueblo condenado a la dictadura desde hace décadas. El pesado padecimiento que es la crisis, su reuma particular, provoca que pase el día lamentando su penosa situación, recordando con nostalgia tiempos pasados, días felices. Sus cansados ojos ven muy lejos los fuegos de la insurrección árabe, y los medios de comunicación, que deberían servir como lentes, más que informar, atontan. Su sordera le impide escuchar los cañones del régimen Sirio aplastando a la libertad de su pueblo, ¡que alguien traiga un sonotone para este continente invalido, que haga cesar este genocidio!

Como ya sabrán, fue a finales de 2010 cuando, rebosante de impotencia e ira, los pueblos árabes se levantaron contra aquellos que los habían sometido durante generaciones, y entre ellos, se encuentra la Familia Assad, que gobierna el estado sirio con mano de hierro desde 1971. De hecho, allá por 1963, Siria fue declarada como República Democrática Popular y Socialista (va, léanlo otra vez, un chiste más bueno que los de Eugenio). Y así, en el año 2000, tras la muerte de su padre, heredó el gobierno Bashar al-Assad. Este “republicano demócrata popular socialista” (perdonen que me repita, es que me río yo solo) ha gobernado hasta la actualidad, recurriendo a la fuerza para eliminar toda oposición. Pero no es él en quien quiero centrarme, si no en su querida esposa, Asma al-Assad. Y es que ya se dice, que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. O en este caso, detrás de un gran canalla… hay otra, más grande aún.

Nacida y criada en Londres, la primera impresión que Asma causó al mundo fue la de una joven mujer que, aún contrayendo matrimonio con todo un líder sirio, mantenía su estilo y sus formas occidentales. Muchos vieron en ella el tinte modernizador que tanto necesitaba el país, y así empezó. Tantos fueron los actos impropios de una consorte árabe que llevó a cabo (festivales de arte, organizaciones sin ánimo de lucro, cuenta en Facebook cuando en Siria la web está vetada…) que se ganó la admiración de algunos, y acrecentó la esperanza de muchos otros. Pero entonces, todo estalló, y los caramelos de Asma no valieron para alimentar a una población hambrienta de libertad y justicia.

Pasaron los meses y cada día llegan nuevas historias de violencia, asesinatos y torturas desde todos los rincones del país. Se estiman alrededor de 8000 muertos desde el inicio de los conflictos. Y es ahora que la situación se ha tornado crítica, cuando aflora la cara oculta de Asma al-Assad, la que un día fuera idealizada como la encargada de limpiar el tradicionalismo del mundo árabe. Y es que una filtración de varios e-mails de la primera dama, demuestran que, como recientemente destacaba Andrew Tabler en la CNN “Asma es una mujer moderna, definitivamente diferente de las mujeres de otros líderes árabes, pero también quiere ser una princesa".

En un e-mail con fecha del 3 de febrero, el mismo día que se denunciaba la muerte de 200 rebeldes en la infernal ciudad de Homs, la primera dama consultaba con una amiga si debería reservar unos “zapatitos” valorados en 7000 euros. Las cifras, como ven, se acercan bastante: 8000 muertos, 7000 euros… Porque claro, ¿qué es el sufrimiento de tu pueblo, los asesinatos y las torturas consentidas, el genocidio discriminado de la gente sobre la que gobiernas “democráticamente”, cuando tratamos de zapatos? ¡Por favor! ¡Toda una consorte no puede andar con chanclas! Del mismo modo se han encontrado e-mails en los que demuestra su codicia por las compras online, de joyería, muebles exclusivos, piezas de arte… Y no solo esto, pues también se han detectado mensajes en los que bromea sobre la población de Homs, solo unas horas antes de que el propio gobierno encargara a las fuerzas del régimen descargar un ataque contra dicha población, que se cobró la vida de cientos de personas. ¿Casualidad?...

Antes del descubrimiento de estos correos electrónicos, el principal argumento de los defensores de Asma al-Assad es que ella podría tratarse de una víctima más de las presiones del régimen. No obstante, visto lo visto, al menos a mí no me queda ninguna duda de que esta mujer, que vino de occidente con las manos llenas de obsequios, escondía a su espalda una cimitarra envenenada con conformismo y conservadurismo, y que ha usado para apuñalar por la espalda a todo sirio que haya depositado su confianza en ella.

martes, 27 de marzo de 2012

The Imam of Terrasa and the culture of fear (Citpart)


There are some news that, although we read them a thousand times, still seem impossible, unthinkable for us. This was what happened to me when I read the new of the infamous Imam of Tarrasa. For those who don’t know him, this "person" has become quite famous in our country in the last weeks. They were his speeches, full of "wisdom" and "good advice" the ones that moved him into national popularity. The headline says it all: "A magnet Tarrasa, accused of fanning violence against women."

As in this country are normally prioritized the news to entertain and stun, and not to report (a few days ago, the Duchess of Alba appeared on the news for something silly, really hard for a novice journalist with principles) you may not know what I talking about. The past 6th of March, the Catalan police accused an Imam in the city of Terrassa. Must be understood for Imam the Muslim religious office (would have been funny to go to stop him and find him stuck to the refrigerator). Against him, they alleged that in his religious talks, instructed men on how to beat their women for correcting misconduct. In addition, he encouraged them to use their methods normally, among which we can find the isolation in homes and denial of sexual relations, to control the ladies. It’s a real gentleman!

And here comes my question: Did the Muslims who attended to these speeches really take these tips as valid, useful and above all, ethically and morally correct? Because the merit of the detention of the Imam lies on the research carried out by the Catalan forces, not on any external complaint. Does this mean that, regardless of his religion or culture, a human being can conceive the physical punishment against another to obey its mandates, as something completely normal? But this is not the first time that something comparable happened.

Similar to this case, back in 2004, an Imam of Fuengirola was sentenced to one year in prison for the same issue. It’s needed at this point to highlight a fragment of his speech, to understand how serious is this matter: "The beatings must be administered to some specific parts of the body as the feet and hands, using a stick not too thick, that is, must be thin and light so it doesn’t leave scars or contusions on his body. The blows mustn’t be strong and tough, because the purpose is to cause psychological suffer and not physical humiliation and abuse. " First, highlight the infinite cowardice that these words show, as they intend to apply the punishment, but hiding later. For me, it is especially disturbing the last sentence, which focuses on the need to harm women psychologically.

This shows the cruelty of his teachings, not just looking for a punishment, which initially may not damage some women of strong conviction, but it also aims to beat her feelings. For this, I dedicate to all of them this article. To not give up, to denounce, fight and overcome certain doctrines that some monsters, shielded by retrograde beliefs (religious or cultural), try to sell them as correct. Lay a hand on a person, whether child, woman or man should never be accepted as an argument. There are some, like these two archaic men, who still understand the world as his particular reign of terror. So, is it not our duty to fight against something like this?

martes, 20 de marzo de 2012

Bullying, a kid's game? (Citpart)


We live in a world of constant change. But beware, because the change is not always positive, that is, that instead of an evolution, we can find social aspects of clear involution. Someone once said that "the world, as it progress, destroys itself," and maybe it's a too alarming judgment, but seeing certain things, how not to take it seriously? But let's get to the point.


One of the most fashionable social problems today, to my regret, is known as bullying, that undeserved punishment that may accompany any child from an early age, as well as into his maturity. Good verbal or physical, the objective is to ridicule the victim, denigrating to the point that even he considers himself worthy of what is happening. An act of insensitive intimidation that not only physically, but psychologically, destroys the little victim. Anyone can be a partner of this misconduct, not only taking part in an active, but staying indifferent towards it.


But this criticism against child cruelty does not emerge from my head suddenly. And that’s because the Internet, that wonderful world of lights and colours, has the virtue and the defect of having your doors open and unlocked for everyone who wants to venture into it. And so it happens that bullying, using the communication skills of the monstrous global network, has been strong here in recent years, where justice could not seem to reach it. The portals for displaying video or social networking are now the perfect hunting ground (opened 365 days a year) for all kinds of mindless thugs, who boast of the strength of his fists (as opposed to serious emotional disorders) or have fun undermining the morale of his colleagues.

Let's face it, bullying, to a bigger or lesser extent, has been around for a long time, beyond the present generation and beyond many of us. The problem now is, as I said, the vast outreach capacity that every stalker is holding today. In thhe videos can be seen clearly that aggression is the new "trophies", instead of hanging on the wall, are posted on YouTube. And social networks, a huge world in which (to my surprise) go smaller and smaller children. A photo retouched for mocking a classmate may result in he or she running out from the rest, isolated by insecurity produced by the laughs of others (I mean, obviously, from the cruel and disrespectful laughs).

So, surfing the net, I came across one of those videos tha I had ever wanted to see, starting with its title (translated into Spanish: "Impotent Asian boy attacked and dragged for seven behind the school") did not invite a display. And I can say, once repressed impotence and nausea, that cruelty shown in the video for 7 masked boys in an alley in Chicago, invited (as little) to stop and think about what this world is becoming, if cases like this emerge frequently.

From the very first minute, the representation begins with the Asian guy on the floor in a heap, surrounded by seven others, while a barrage of kicks and insults is raining on his unprotected body. The phrase used by the attackers is "Fuck his ass!" While the victim, can hardly ask for mercy on a poor English "please, no more". The child does not try to defend at any time, because numerical and physical superiority is overwhelming, and he just waits protecting himself, until the storm is out. Beaten, dragged and shaken, the poor guy manages to stand up, and directs his prayers toward what seems to be the leader, who only replied with more punches. The video ends with an attempt to escape from the victim, which is lost by the camera at the end of the street, with seven hounds at his heels, still hungry for blood. Looking closer this document, we can see each of the acts of the attackers, and it is chilling. As possessed by some evil demon, the children (who, even if they are teenagers, are still children too) give escape to their anger against a target that has not done anything to deserve such torment. Another child like them that, for some unknown circumstance, has to be on the side of the weak.

So, as I started the column, I will just remember that we live in a world of constant change, and at the same way clearing that is in our hands to evolve or regress, giving the children a clear notion of respect for others and education to their partners, and a healthy instruction of the responsibility needed in the world of Internet and social networks, a subject that is often treated as a game for little kids. Try to do it, just for the "simple" reason of not having to see our children in a similar situation in a near future. And remember that, if bullying itself is a serious difficulty, joined to the misinformation of children and the immensity of the networks, it becomes a monstrous problem.

jueves, 15 de marzo de 2012

La cultura esperpéntica


Hay noticias que, por más que las leamos, por más que reparemos en ellas una y otra vez frotándonos los ojos incrédulos, nos siguen pareciendo imposibles, impensables para nosotros. Esto fue lo que me ocurrió cuando leía la noticia del tristemente célebre Imán de Tarrasa. Para quien no lo sepa, esta “persona” se ha hecho bastante famosa en nuestro país en los últimos días. Y no, sorprendentemente no ha alcanzado la fama por el método tradicional español “me lío con algún personaje, lo cuento en Tele Circo y acabo de tertuliano”. Han sido sus discursos, repletos de “sabiduría” y “buenos consejos” los que lo han aupado a la popularidad nacional. Volviendo a la noticia, no es que tuviera que volver a revisarla porque no sepa leer, las cartillas Rubio las dejé hace tiempo. Tampoco se trata de una falta de entendimiento, pues el titular ya por sí solo lo dice todo: “Un Imán de Tarrasa, acusado de avivar la violencia contra la mujer”. Mi confusión venía dada por la duda, normal, ante la posibilidad de que aquella barbaridad fuera cierta.

Al priorizarse con normalidad en este país las noticias destinadas a entretener y a atontar, que no ya a informar (hace unos días, la duquesa de Alba salía en el telediario por no se qué gilipollez, muy duro para un periodista novel con principios) probablemente no sepan de lo que hablo. Pues bien, resulta que los Mossos de Escuadra acusaron el pasado día 6 un Imán de la localidad catalana de Tarrasa. Entiéndase por Imán el cargo religioso musulmán (hubiera estado gracioso ir a detenerlo y encontrarlo pegado a la nevera). En su contra, denunciaban que este iluminado instruía en sus charlas religiosas a los hombres acerca de cómo agredir a sus mujeres en pos de corregir conductas impropias. Además de esto, los alentaba a poner en práctica sus métodos, entre los que también encontramos el aislamiento en los domicilios y la negación de las relaciones sexuales, para tener a raya a las damas. Qué genio, este sí que sabe de mujeres, y no Julio Iglesias.

Y aquí es donde nace mi duda: ¿Realmente tomaban los propios musulmanes que asistían a sus charlas estos consejos como válidos, útiles y, ante todo, moralmente éticos y correctos? Y es que si el Imán fue detenido, fue por la investigación llevada a cabo por las fuerzas del orden catalanas, que no por cualquier denuncia externa, y mucho menos cercana a esta trama. ¿Significa entonces que, al margen de su religión o su cultura, una persona humana puede concebir el castigo físico contra otra para que obedezca sus mandatos, como algo completamente normal? Y esto no queda aquí, pues no es el primer signo de radicalismo demostrado por ciertos individuos de la comunidad islamista dentro de nuestras fronteras.

De manera similar a este caso, allá por 2004, un Imán de Fuengirola fue condenado a un año de cárcel por la misma cuestión. Creo necesario en este momento resaltar un fragmento de su discurso, para que entiendan hasta qué punto es grave este asunto: “Los golpes se han de administrar a unas partes concretas del cuerpo como los pies y las manos, debiendo utilizarse una vara no demasiado gruesa, es decir, ha de ser fina y ligera para que no deje cicatrices o hematomas en el cuerpo. Los golpes no han de ser fuertes y duros, porque la finalidad es hacer sufrir psicológicamente y no humillar y maltratar físicamente”. Primero, es de resaltar la infinita cobardía que estas palabras demuestran, pues pretenden aplicar el castigo, pero ocultándolo. Tirar la piedra y esconder la mano, vaya. Además, es especialmente inquietante la última frase, en la que resalta la necesidad de dañar a la mujer psicológicamente.

Esto demuestra lo cruel de sus enseñanzas, que no solo busca un castigo físico, que en primera instancia puede no dañar a algunas mujeres de fuerte convencimiento, si no que también pretende derrotar y lapidar sus sentimientos. Vaya dedicado a todas ellas este artículo. Para que no se rindan, para que denuncien, luchen y venzan a las esperpénticas doctrinas que ciertos monstruos, escudados en retrógradas convicciones, religiosas o culturales, pretenden venderles como correctas. Ponerle la mano encima a una persona, ya sea niño, mujer u hombre, jamás debería aceptarse a modo de argumento. Hay algunos, como estos dos sujetos arcaicos, que aún entienden el mundo como su particular reino del terror. Y díganme, ¿acaso no es nuestra obligación luchar contra algo así?






sábado, 10 de marzo de 2012

Juegos de niños

Vivimos en un mundo de cambio constante. Pero ojo, que el cambio no es siempre algo positivo, esto es, que en lugar de una evolución, podemos encontrar aspectos sociales de clara involución. Alguien dijo una vez que “el mundo al progresar, se destruye a sí mismo”, y quizá se trate de una sentencia demasiado alarmante pero, viendo ciertas cosas, ¿cómo no llegar a tomarla en serio? Pero vayamos al grano, que me pongo catastrofista antes de tiempo, y hasta diciembre no se acaba el mundo.

Uno de las lacras sociales más de moda hoy en día, muy a mi pesar, es el conocido como bullying, o, hablando sin anglicismos, el tan criticado y sin embargo preocupantemente extendido acoso escolar. Ese castigo inmerecido que puede acompañar a cualquier niño desde su más temprana edad, hasta bien entrada su hipotética madurez. Bien verbal, o bien físicamente, el objetivo es ridiculizar a la víctima, denigrarla hasta el punto de que hasta ella misma considere si se merece lo que le está ocurriendo. Un acto de intimidación insensible que ya no solo física, sino psicológicamente, somete a la criatura, y de la que es copartícipe todo aquel que, aún no tomando parte de forma activa, se muestra indiferente hacia la misma. Un caso grave, ciertamente.

Pero esta crítica contra la crueldad infantil no surge de mi cabeza de un día para otro. No ha hecho falta que venga algún bigardo trastornado a cruzarme la cara para que a mi se me ocurra denunciarlo en el papel. Y no ha hecho falta, porque Internet, ese maravilloso mundo de luces y colores del que casi todos ahora somos habitantes, posee la virtud y a la vez el defecto de tener su puerta abierta y sin candado para todo el que quiera adentrarse en él. Y así ocurre que el bullying, aprovechando la capacidad comunicativa de la monstruosa red global, se ha hecho fuerte aquí en los últimos años, donde la justicia parecía no poder alcanzarlo. Los portales para la exposición de vídeos o las celebérrimas redes sociales son hoy el territorio de caza perfecto (veda abierta 365 días al año) para todo tipo de matones descerebrados, que se jactan de la fuerza de sus puños (frente a sus graves trastornos emocionales) o que se entretienen minando la moral de sus compañeros, por pura diversión.

Seamos realistas, el acoso escolar, en mayor o menor medida, lleva existiendo desde hace mucho, más allá de las generaciones presentes, y más allá de las de muchos de nosotros. El problema actual es, como ya he dicho, la inmensa capacidad de divulgación que todo acosador tiene en sus manos hoy en día. Los vídeos en los que pueden observarse claras agresiones son los nuevos “trofeos de caza”, que en lugar de colgarse en la pared, son colgados en YouTube. Y en las redes sociales, un mundo inmenso donde (para mi sorpresa) se adentran niños cada vez más pequeños, una foto retocada en pos de mofarse de algún compañero puede dar lugar a que él o ella acabe separado del resto, aislado por la inseguridad que producen las risas ajenas (hablo, obviamente, de las crueles y despectivas).

Y así, navegando por la red, llegó a mis manos uno de esos vídeos que jamás hubiera deseado ver, pues ya empezando por su título (traducido al español: “Impotente chico asiático atacado y arrastrado por otros siete detrás del colegio”) no invitaba a su visualización. Y puedo decir, una vez reprimidas la impotencia y las nauseas, que la crueldad demostrada en el vídeo por 7 chicos encapuchados en una callejuela de Chicago, invita como poco a pararse a pensar en qué está convirtiéndose este mundo, si los casos como este afloran con frecuencia.

Ya desde el primer minuto, la representación comienza con el chico asiático en el suelo hecho un ovillo, rodeado por los otros siete, mientras un aluvión de patadas e insultos llueve sobre su cuerpo desprotegido. La frase más utilizada por los agresores es “Fuck his ass!” (en inglés informal, algo así como “¡Reviéntalo!”), mientras que la víctima, apenas si puede pedir clemencia en un pobre inglés “please, no more” (basta, por favor). El niño no trata de defenderse en ningún momento, la superioridad numérica y física es abrumadora, tan solo espera protegiéndose que pase la tormenta. Apaleado, arrastrado y zarandeado, el pobre chico acierta a ponerse de pie, y dirige sus súplicas hacia el que parece ser el cabecilla del grupo, que solo le contesta con más puñetazos. El vídeo termina con un intento de escapada del agredido, que se pierde al final de la calle, con siete perros de presa pisándole los talones, aún ávidos de sangre. Observando con detenimiento este documento, podemos observar cada uno de los golpes de los agresores y, ante todo, la impunidad y la insensibilidad con la que los asestan. Como poseídos por algún mal demonio, los niños (que, aún siendo adolescentes, no dejan de serlo) dan rienda suelta a su ira contra un blanco que, o mucho me equivoco, o no ha hecho nada para merecer semejante tormento. Otro niño como ellos que, por cierta circunstancia que desconocemos, le ha tocado estar en el bando de los débiles.

Y así, tal y como he comenzado la columna, la acabo, recordando que vivimos en un mundo de cambio constante, y del mismo modo aclarando que está en nuestra mano evolucionar o involucionar, dando a los retoños una noción clara del respeto hacia los demás y la educación para con sus compañeros, además de una instrucción sana de la responsabilidad que supone involucrarse en el universo de Internet y las redes sociales, un tema tratado a menudo como poco menos que un juego por los pequeños de la casa. Tratemos de hacerlo, solo por el “simple” motivo de no tener que ver a nuestros hijos en una tesitura semejante, en un futuro no muy lejano. Y es que el bullying de por sí es un grave aprieto, pero unido a la desinformación de los niños y la inmensidad de las redes, pasa a ser un monstruoso problema.