Hoy en día, existe una región del mundo que se
representa como el infierno terrenal de nuestros días. Puestos a poner
ejemplos, sería difícil elegir: La Franja de Gaza, Iraq, Uganda, Sierra Leona…
Pero no, no les hablo de ninguno de estas desagradables muestras de crueldad
humana. El país que, por mérito del levantamiento de su pueblo se está ganando
las portadas de los medios de todo el mundo (menos los suyos) es Siria. Esa
región a la que la ONU tanto pide que cese la violencia, con tan nulas
consecuencias. Esa región que aparece en los periódicos un día sí y otro
también y que no obstante, como todo para el mundo occidental, empieza a perder
importancia, empieza a apagarse su llama.
La vieja Europa ha visto tanta muerte y sufrimiento
sobre sus relieve que nada le sorprende, ni tan siquiera la rebelión de un
pueblo condenado a la dictadura desde hace décadas. El pesado padecimiento que
es la crisis, su reuma particular, provoca que pase el día lamentando su penosa
situación, recordando con nostalgia tiempos pasados, días felices. Sus cansados
ojos ven muy lejos los fuegos de la insurrección árabe, y los medios de
comunicación, que deberían servir como lentes, más que informar, atontan. Su
sordera le impide escuchar los cañones del régimen Sirio aplastando a la
libertad de su pueblo, ¡que alguien traiga un sonotone para este continente
invalido, que haga cesar este genocidio!
Como ya sabrán, fue a finales de 2010 cuando,
rebosante de impotencia e ira, los pueblos árabes se levantaron contra aquellos
que los habían sometido durante generaciones, y entre ellos, se encuentra la
Familia Assad, que gobierna el estado sirio con mano de hierro desde 1971. De
hecho, allá por 1963, Siria fue declarada como República Democrática Popular y
Socialista (va, léanlo otra vez, un chiste más bueno que los de Eugenio). Y así,
en el año 2000, tras la muerte de su padre, heredó el gobierno Bashar al-Assad.
Este “republicano demócrata popular socialista” (perdonen que me repita, es que
me río yo solo) ha gobernado hasta la actualidad, recurriendo a la fuerza para
eliminar toda oposición. Pero no es él en quien quiero centrarme, si no en su
querida esposa, Asma al-Assad. Y es que ya se dice, que detrás de un gran
hombre hay una gran mujer. O en este caso, detrás de un gran canalla… hay otra,
más grande aún.
Nacida y criada en Londres, la primera impresión que
Asma causó al mundo fue la de una joven mujer que, aún contrayendo matrimonio
con todo un líder sirio, mantenía su estilo y sus formas occidentales. Muchos
vieron en ella el tinte modernizador que tanto necesitaba el país, y así
empezó. Tantos fueron los actos impropios de una consorte árabe que llevó a
cabo (festivales de arte, organizaciones sin ánimo de lucro, cuenta en Facebook
cuando en Siria la web está vetada…) que se ganó la admiración de algunos, y
acrecentó la esperanza de muchos otros. Pero entonces, todo estalló, y los
caramelos de Asma no valieron para alimentar a una población hambrienta de
libertad y justicia.
Pasaron los meses y cada día llegan nuevas historias de
violencia, asesinatos y torturas desde todos los rincones del país. Se estiman
alrededor de 8000 muertos desde el inicio de los conflictos. Y es ahora que la
situación se ha tornado crítica, cuando aflora la cara oculta de Asma al-Assad,
la que un día fuera idealizada como la encargada de limpiar el tradicionalismo
del mundo árabe. Y es que una filtración de varios e-mails de la primera dama,
demuestran que, como recientemente destacaba Andrew Tabler en la CNN “Asma es una mujer moderna, definitivamente diferente de las mujeres
de otros líderes árabes, pero también quiere ser una princesa".
En un e-mail con fecha del 3 de febrero, el mismo día
que se denunciaba la muerte de 200 rebeldes en la infernal ciudad de Homs, la
primera dama consultaba con una amiga si debería reservar unos “zapatitos”
valorados en 7000 euros. Las cifras, como ven, se acercan bastante: 8000
muertos, 7000 euros… Porque claro, ¿qué es el sufrimiento de tu pueblo, los
asesinatos y las torturas consentidas, el genocidio discriminado de la gente
sobre la que gobiernas “democráticamente”, cuando tratamos de zapatos? ¡Por
favor! ¡Toda una consorte no puede andar con chanclas! Del mismo modo se han
encontrado e-mails en los que demuestra su codicia por las compras online, de
joyería, muebles exclusivos, piezas de arte… Y no solo esto, pues también se
han detectado mensajes en los que bromea sobre la población de Homs, solo unas
horas antes de que el propio gobierno encargara a las fuerzas del régimen
descargar un ataque contra dicha población, que se cobró la vida de cientos de
personas. ¿Casualidad?...
Antes del descubrimiento de estos correos
electrónicos, el principal argumento de los defensores de Asma al-Assad es que
ella podría tratarse de una víctima más de las presiones del régimen. No
obstante, visto lo visto, al menos a mí no me queda ninguna duda de que esta
mujer, que vino de occidente con las manos llenas de obsequios, escondía a su
espalda una cimitarra envenenada con conformismo y conservadurismo, y que ha
usado para apuñalar por la espalda a todo sirio que haya depositado su
confianza en ella.