No
tengo por costumbre darle un uso de crítica política a este noble espacio,
puesto que miles de personas lo hacen ya a diario, y probablemente con un
criterio más acertado que el mío, bien por una mayor sabiduría, estudio o
experiencia. No obstante, hay temas que me superan y que no puedo obviar, ya que de manera directa o indirecta me
salpican, a mí como persona, a mi libertad de expresión y a mi profesión, como
es el tema del que a continuación trato.
Hace
unos días, la vicepresidenta primera del Gobierno, sorprendía a toda una nación
anunciando un real decreto recientemente aprobado mediante el cual se modifica
la norma para la designación del presidente de Radiotelevisión Española (RTVE).
Hasta el momento, y desde 2006, era fundamental el acuerdo entre PSOE y PP,
pues se necesitaba la mayoría de dos tercios del Congreso. Con la reforma
impuesta, esto ya no es así, pues el presidente pasa a elegirse por mayoría
absoluta desde un primer momento.
En
efecto amigos, lo que esto quiere decir básicamente, es que el Partido Popular
puede designar al regente que más guste para el ente público sin tener en
cuenta la votación de otros partidos políticos. Una imposición en toda regla.
Sin que el Gobierno haya movido ficha aún en este ámbito, se adivina un
retroceso hacia la televisión y radio gubernamental y partidista, un
desmantelamiento descarado de la televisión pública y las bases que la
fundamentan. Un atentado en toda regla hacia la democracia y la libertad de
expresión y conocimiento del pueblo español. Los medios públicos de nuestro
país ¿convertidos en medios propagandísticos? Al parecer, es posible.
Soraya
justificaba esta decisión ante la “situación de bloqueo que sufre RTVE” que “No
tiene posibilidad de presentar ni aprobar sus cuentas generales” y tiene
“serias dificultades para cumplir con el programa de ajuste”. Bonitas excusas
para argumentar la intervención política
interesada de un medio que, en mayor o menor medida, está llamado a informar
con la mayor objetividad posible, más que ningún otro medio, dado que responde
ante el pueblo como su sustento y razón de ser. Esto parece obvio, pero al
parecer no lo es para el vigente equipo de gobierno.
Y
con estos agradables cambios, aparece en las portadas el nombre de un antiguo conocido
por las cámaras de RTVE: Alfredo Urdaci. Todavía se recuerdan sus posados en
Moncloa con Aznar, espatarrado en los negros sofás de sky, sintiéndose grande;
el mundo era suyo. Como director de los servicios informativos de Televisión
Española, tuvo sus más y sus menos con “ce ce, o o” (el sindicato Comisiones
Obreras, según él mismo) que le acusó de manipular información en favor del
gobierno vigente (lo normal en un director de informativos, vaya) pero poco le
importó. No fue hasta 2004 cuando, con el cambio de gobierno, se cayó del
puesto (cosa rara) y desde entonces ha deambulado por colaboraciones de todo
tipo que han denigrado bastante su estatus (véasele bailando el “Sex Bomb”
encima de una mesa, escalofriante). Pero el cambio de turno ha llegado y con
él, las reformas, y el nombre del Urdaci vuelve a sonar con fuerza…
En
conclusión, parece que nos queda poco para ver convertida a Televisión Española
en un Telemadrid o Canal Sur de tres al cuarto, y lo mismo para la radio. Hasta
el día de hoy, era común la crítica de “partidista” hacia el medio público.
Ahora, uno va a poder afirmarlo sin miedo a equivocarse. Ya lo veo, el
susodicho Alfredo Urdaci, presentando bajo el logo de TVE, el programa de mayor
criterio periodístico de la televisión pública: “El moro al agua”. ¿Comedia o
realidad? Tiempo al tiempo… a este paso, yo ya no descarto ni el NO-DO.
Pinchando en este link, mi artículo en la página web del semanario 'Jaraíz': http://www.jaraiz.net/vc.asp?url=wi01ws1wm262wc3462wdjaraiz%2FSemanario%2FNoticias%2FOpini%F3n%2FDe-esto-al-NO-DO-hay-un-paso%2F
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